Hace poco reencontré a un viejo amigo de la primaria al cual no había visto desde hacía ya como unos cuatro o cinco años. Cuando lo reencontré descubrí que aún sentía algo muy fuerte hacia él, algo que comencé a sentir mucho tiempo atrás. He decidido dedicarle este escrito porque siento que solo al desbordar mis ideas por este medio podre saciar un poco mi sed de decirle que lo amo.
Era ya muy entrada la noche... me encontraba caminando por una calle solitaria, tenía mucho frío y estaba sola... completamente sola. De pronto una imagen inundo mis recuerdos: Se trataba de una cálida chimenea, un libro en mi regazo, una manta cubriéndome los hombros y una sensación de reconfortante tranquilidad. Entonces tan rápido como aprecio la imagen, ésta se desvaneció de mis recuerdos, y cuando abrí o ojos me encontraba de nuevo en aquella solitaria calle fría y oscura.
Fruncí levemente el ceño y continúe caminando sumida en mis pensamientos como era mi costumbre.
Entonces al doblar la esquina nuevamente un recuerdo acudió a mi mente... se trataba de una cálida sonrisa en medio de una helada ventisca.
Abrí los ojos asustada... pero seguía en aquella calle helada y vacía... ¿Qué me pasaba?
Camine y camine hasta que comprendí que no tenía un lugar a donde ir... y entonces, solo entonces una lágrima resbalo por mi mejilla y descubrí la pena que anidaba mi corazón y que me hacía sentir que la calle estaba vacía y fría cuando en realidad abundaba de gente por todos lados.
Las lágrimas corrían por mis mejillas como si una lluvia incesante estuviera bañando mi rostro.... es que simplemente no me podía controlar.
Aún me seguía sintiendo sola... vacía y fría... Aún seguía amándolo, aún extrañaba aquella reconfortante sonrisa, aquella reconfortante chimenea, aquella misteriosa persona, aquel libro en mi regazo, aquellos cálidos abrazos, aquella cobija sobre mis hombros, aquella persona a la que amaba, aquel cálido lugar.
Entonces a lo lejos sentí su presencia y poco a poco me sentí menos sola, menos vacía... él había regresado y con él había regresado todos los recuerdos del pasado, cuando jugábamos inocentemente y nada importaba más que nuestra amistad.
Me miro y me abrazo con fuerza.
-no te dejare ir nunca más- dijo él- y yo no me iré de tu lado nunca más.
Entonces recargué mi rostro sobre su pecho.
-¡no me dejes sola!- le dije- ¡no me dejes sola otra vez!
Seguimos abrazados durante mucho tiempo más y todo a nuestro alrededor dejo de tener importancia pues solo estábamos él y yo en el mundo.... Entonces de nuevo volví a sentir aquella cálida cobija, aquella reconfortante tranquilidad, todo había regresado... y no lo dejaría ir nunca más.
-No te dejare... jamás te dejare... pues mi corazón ahora es tuyo- Dijo él.
Y ahora mi corazón es tuyo- Repetí yo y nunca más volví a asentirme sola.

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