Frace de la cemana

"Sólo necesito un trozo de papel y útiles para escribir para sacar de quicio al mundo."
Autor: Friedrich Nietzsche.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Fragmento de mi libro.

Hace tiempo comencé a escribir un libro titulado Inferno, Como ya llevo bastante del libro no podre ponerlo todo aquí pero si puedo poner por lo menos un fragmento. En dado caso de que gusten seguir la historia visiten mi blog dedicado unicamente al progreso del libro:
http://julietainferno.blogspot.com/
Bueno espero que les guste:

En sus ojos solo podía verse la fría cólera que anidaba su corazón.
-¿No me reconoces?- Decía Natalia entre sollozos aún con el brazo sangrante- ¿Que te han hecho esos monstruos?
-¿No lo ves?- dijo Kelzer sin piedad- El también es un monstruo.
-No- dijo Natalia levantándose del suelo- Tú lo has hecho un monstruo.
Mientras tanto Angst la miraba con odio... Natalia aún no lograba entender como el hombre al que ella había amado, el hombre que le había expresado su amor de mil formas diferentes, la había herido y en aquellos momentos lo único que deseaba era aniquilarla por completo.
-El ya no te reconoce más- Dijo Kelzer una vez más- Ya no es el hombre a quien conocías.
-No- susurro Natalia- No...
-Sí, el ya no puede sentir nada hacia ti, y si lo suelto lo único que hará será hacerte pedazos y eso nos agradara a todos aquí- dijo mirando a toda la manada que estaba sedienta de carne, sangre y violencia.
Angst estaba paralizado por el momento gracias a Kelzer pero dentro de poco saldría la luna y ni siquiera él podría controlar a alguien como Angst, quien se abalanzaría contra la mujer a la que amaba para hacerla pedazos y bañarse en sus sangre.
Natalia ya no podía llorar más... pues su corazón había dejado de sufrir para volverse un castillo helado ante la idea de que Angst nunca más volvería a ser quien era.
-¿Y sabes que es lo mejor de todo?- Dijo Kelzer con una siniestra sonrisa- Que en cuanto él haya terminado de hacerte pedazos lo regresare a su forma humana para que se dé cuenta de lo que ha hecho... y por supuesto como no podrá morir entonces vivirá con aquella furia el resto de su vida... va ser todo un espectáculo verlo sufrir entre la podredumbre de su alma, revolviéndose entre los desechos de su conciencia suplicando misericordia... la cual no le daré jamás... al igual que no se la di a su padre en su momento...
Natalia lo miro con los ojos abiertos de par en par y una última lagrima rodo por su mejilla... sabía que había llegado su momento y que no volvería a ver la luz del sol otra vez pues las manos de el ser al que más amaba en la tierra la destrozarían hasta que no quedase nada de ella.
Entonces Angst aulló con furia desesperado por devorar, despedazar...
Natalia se acerco lentamente a él y lo miro a los ojos...
-Te amo- dijo ella mientras las nubes dejaban entre ver a la luna, aquella bella dama vestida de blanco... aquel ojo siniestro que lo veía todo, pero no decía nada pues la luna no tiene labios-Nunca dejare de hacerlo…
Entonces todos aullaron a la vez y Angst lucho con todas sus fuerzas para alcanzar a la presa que tenía enfrente... Natalia...
Kelzer la miro y dijo:
-Tus últimas palabras.
Natalia lo miro con los ojos vacíos y una nube negra cubrió sus bellos ojos… por alguna extraña razón a Kelzer lo recorrió una misteriosa sensación de un pánico irracional…

No… pensó el… No puede ser…
-Juro que la pagaras- dijo ella y Kelzer sin poder más.... soltó a Angst…


viernes, 27 de noviembre de 2009

♥ ♥ CARLO ♥ ♥

Hace poco reencontré a un viejo amigo de la primaria al cual no había visto desde hacía ya como unos cuatro o cinco años. Cuando lo reencontré descubrí que aún sentía algo muy fuerte hacia él, algo que comencé a sentir mucho tiempo atrás. He decidido dedicarle este escrito porque siento que solo al desbordar mis ideas por este medio podre saciar un poco mi sed de decirle que lo amo.

Era ya muy entrada la noche... me encontraba caminando por una calle solitaria, tenía mucho frío y estaba sola... completamente sola. De pronto una imagen inundo mis recuerdos: Se trataba de una cálida chimenea, un libro en mi regazo, una manta cubriéndome los hombros y una sensación de reconfortante tranquilidad. Entonces tan rápido como aprecio la imagen, ésta se desvaneció de mis recuerdos, y cuando abrí o ojos me encontraba de nuevo en aquella solitaria calle fría y oscura.
Fruncí levemente el ceño y continúe caminando sumida en mis pensamientos como era mi costumbre.
Entonces al doblar la esquina nuevamente un recuerdo acudió a mi mente... se trataba de una cálida sonrisa en medio de una helada ventisca.
Abrí los ojos asustada... pero seguía en aquella calle helada y vacía... ¿Qué me pasaba?
Camine y camine hasta que comprendí que no tenía un lugar a donde ir... y entonces, solo entonces una lágrima resbalo por mi mejilla y descubrí la pena que anidaba mi corazón y que me hacía sentir que la calle estaba vacía y fría cuando en realidad abundaba de gente por todos lados.
Las lágrimas corrían por mis mejillas como si una lluvia incesante estuviera bañando mi rostro.... es que simplemente no me podía controlar.
Aún me seguía sintiendo sola... vacía y fría... Aún seguía amándolo, aún extrañaba aquella reconfortante sonrisa, aquella reconfortante chimenea, aquella misteriosa persona, aquel libro en mi regazo, aquellos cálidos abrazos, aquella cobija sobre mis hombros, aquella persona a la que amaba, aquel cálido lugar.
Entonces a lo lejos sentí su presencia y poco a poco me sentí menos sola, menos vacía... él había regresado y con él había regresado todos los recuerdos del pasado, cuando jugábamos inocentemente y nada importaba más que nuestra amistad.
Me miro y me abrazo con fuerza.
-no te dejare ir nunca más- dijo él- y yo no me iré de tu lado nunca más.
Entonces recargué mi rostro sobre su pecho.
-¡no me dejes sola!- le dije- ¡no me dejes sola otra vez!
Seguimos abrazados durante mucho tiempo más y todo a nuestro alrededor dejo de tener importancia pues solo estábamos él y yo en el mundo.... Entonces de nuevo volví a sentir aquella cálida cobija, aquella reconfortante tranquilidad, todo había regresado... y no lo dejaría ir nunca más.
-No te dejare... jamás te dejare... pues mi corazón ahora es tuyo- Dijo él.
Y ahora mi corazón es tuyo- Repetí yo y nunca más volví a asentirme sola.

jueves, 26 de noviembre de 2009

¿Where Is My Mind? -- Pixies


Ooooooh - stop
With your feet in the air and your head on the ground
try this trick and spin it, yeah
your head will collapse
but there's nothing in it
and you'll ask yourself
Where is my mind (3x)
Way out in the water
see it swimmin'
I was swimmin' in the carribean
animals were hiding behind the rock
except the little fish
but they told me, he swears
tryin' to talk to me to me to me
Where is my mind (3x)
Way out in the water
see it swimmin' ?
With your feet in the air and your head on the ground
try this trick and spin it, yeah
your head will collapse
if there's nothing in it
and you'll ask yourself
Where is my mind (3x)
Ooooh
with your feet in the air and your head on the ground
ooooh
try this trick and spin it, yeah
ooooh
ooooh

El gigante egoísta- Oscar Wilde

Todas las tardes, a la salida de la escuela, los niños se habían acostumbrado a ir a jugar al jardín del gigante. Era un jardín grande y hermoso, cubierto de verde y suave césped. Dispersas sobre la hierba brillaban bellas flores como estrellas, y había una docena de melocotones que, en primavera, se cubrían de delicados capullos rosados, y en otoño daban sabroso fruto.
Los pájaros se posaban en los árboles y cantaban tan deliciosamente que los niños interrumpían sus juegos para escucharlos.
-¡Qué felices somos aquí!- se gritaban unos a otros.
Un día el gigante regresó. Había ido a visitar a su amigo, el ogro de Cornualles, y permaneció con él durante siete años. Transcurridos los siete años, había dicho todo lo que tenía que decir, pues su conversación era limitada, y decidió volver a su castillo. Al llegar vio a los niños jugando en el jardín.
-¿Qué estáis haciendo aquí?- les gritó con voz agria. Y los niños salieron corriendo.
-Mi jardín es mi jardín- dijo el gigante. -Ya es hora de que lo entendáis, y no voy a permitir que nadie más que yo juegue en él.
Entonces construyó un alto muro alrededor y puso este cartel:
Prohibida la entrada.
Los transgresores serán
procesados judicialmente.

Era un gigante muy egoísta.
Los pobres niños no tenían ahora donde jugar.
Trataron de hacerlo en la carretera, pero la carretera estaba llena de polvo y agudas piedras, y no les gustó.
Se acostumbraron a vagar, una vez terminadas sus lecciones, alrededor del alto muro, para hablar del hermoso jardín que había al otro lado.
-¡Que felices éramos allí!- se decían unos a otros.
Entonces llegó la primavera y todo el país se llenó de capullos y pajaritos. Solo en el jardín del gigante egoísta continuaba el invierno.
Los pájaros no se preocupaban de cantar en él desde que no había niños, y los árboles se olvidaban de florecer. Solo una bonita flor levantó su cabeza entre el césped, pero cuando vio el cartel se entristeció tanto, pensando en los niños, que se dejó caer otra vez en tierra y se echó a dormir.
Los únicos complacidos eran la Nieve y el Hielo.
-La primavera se ha olvidado de este jardín- gritaban. -Podremos vivir aquí durante todo el año.

La Nieve cubrió todo el césped con su manto blanco y el Hielo pintó de plata todos los árboles. Entonces invitaron al viento del Norte a pasar una temporada con ellos, y el Viento aceptó.
Llegó envuelto en pieles y aullaba todo el día por el jardín, derribando los capuchones de las chimeneas.
-Este es un sitio delicioso- decía. -Tendremos que invitar al Granizo a visitarnos.
Y llegó el Granizo. Cada día durante tres horas tocaba el tambor sobre el tejado del castillo, hasta que rompió la mayoría de las pizarras, y entonces se puso a dar vueltas alrededor del jardín corriendo lo más veloz que pudo. Vestía de gris y su aliento era como el hielo.
-No puedo comprender como la primavera tarda tanto en llegar- decía el gigante egoísta, al asomarse a la ventana y ver su jardín blanco y frío. -¡Espero que este tiempo cambiará!
Pero la primavera no llegó, y el verano tampoco. El otoño dio dorados frutos a todos los jardines, pero al jardín del gigante no le dio ninguno.
-Es demasiado egoísta- se dijo.
Así pues, siempre era invierno en casa del gigante, y el Viento del Norte, el Hielo, el Granizo y la Nieve danzaban entre los árboles.
Una mañana el gigante yacía despierto en su cama, cuando oyó una música deliciosa. Sonaba tan dulcemente en sus oídos que creyó sería el rey de los músicos que pasaba por allí. En realidad solo era un jilguerillo que cantaba ante su ventana, pero hacía tanto tiempo que no oía cantar un pájaro en su jardín, que le pareció la música más bella del mundo. Entonces el Granizo dejó de bailar sobre su cabeza, el Viento del Norte dejó de rugir, y un delicado perfume llegó hasta él, a través de la ventana abierta.
-Creo que, por fin, ha llegado la primavera- dijo el gigante; y saltando de la cama miró el exterior. ¿Qué es lo que vio?
Vio un espectáculo maravilloso. Por una brecha abierta en el muro los niños habían penetrado en el jardín, habían subido a los árboles y estaban sentados en sus ramas. En todos los árboles que estaban al alcance de su vista, había un niño. Y los árboles se sentían tan dichosos de volver a tener consigo a los niños, que se habían cubierto de capullos y agitaban suavemente sus brazos sobre las cabezas de los pequeños.
Los pájaros revoloteaban y parloteaban con deleite, y las flores reían irguiendo sus cabezas sobre el césped. Era una escena encantadora. Sólo en un rincón continuaba siendo invierno. Era el rincón más apartado del jardín, y allí se encontraba un niño muy pequeño. Tan pequeño era, no podía alcanzar las ramas del árbol, y daba vueltas a su alrededor llorando amargamente. El pobre árbol seguía aún cubierto de hielo y nieve, y el Viento del Norte soplaba y rugía en torno a él.
-¡Sube, pequeño!- decía el árbol, y le tendía sus ramas tan bajo como podía; pero el niño era demasiado pequeño. El corazón del gigante se enterneció al contemplar ese espectáculo.-¡Qué egoísta he sido!- se dijo. -Ahora comprendo por qué la primavera no ha venido hasta aquí. Voy a colocar al pobre pequeño sobre la copa del árbol, derribaré el muro y mi jardín será el parque de recreo de los niños para siempre.

Estaba verdaderamente apenado por lo que había hecho.
Se precipitó escaleras abajo, abrió la puerta principal con toda suavidad y salió al jardín.
Pero los niños quedaron tan asustados cuando lo vieron, que huyeron corriendo, y en el jardín volvió a ser invierno.
Sólo el niño pequeño no corrió, pues sus ojos estaban tan llenos de lágrimas, que no vio acercarse al gigante. Y el gigante se deslizó por su espalda, lo cogió cariñosamente en su mano y lo colocó sobre el árbol. El árbol floreció inmediatamente, los pájaros fueron a cantar en él, y el niño extendió sus bracitos, rodeó con ellos el cuello del gigante y le besó.
Cuando los otros niños vieron que el gigante ya no era malo, volvieron corriendo y la primavera volvió con ellos.
-Desde ahora, este es vuestro jardín, queridos niños- dijo el gigante, y cogiendo una gran hacha derribó el muro. Y cuando al mediodía pasó la gente, yendo al mercado, encontraron al gigante jugando con los niños en el más hermoso de los jardines que jamás habían visto.
Durante todo el día estuvieron jugando y al atardecer fueron a despedirse del gigante.
-Pero, ¿dónde está vuestro pequeño compañero, el niño que subí al árbol?- preguntó.
El gigante era a este al que más quería, porque lo había besado.
-No sabemos contestaron los niños- se ha marchado.
-Debéis decirle que venga mañana sin falta- dijo el gigante.
Pero los niños dijeron que no sabían donde vivía y nunca antes lo habían visto. El gigante se quedó muy triste.
Todas las tardes, cuando terminaba la escuela, los niños iban y jugaban con el gigante. Pero al niño pequeño, que tanto quería el gigante, no se le volvió a ver. El gigante era muy bondadoso con todos los niños pero echaba de menos a su primer amiguito y a menudo hablaba de él.
-¡Cuánto me gustaría verlo!- solía decir.
Los años transcurrieron y el gigante envejeció mucho y cada vez estaba más débil. Ya no podía tomar parte en los juegos; sentado en un gran sillón veía jugar a los niños y admiraba su jardín.
-Tengo muchas flores hermosas- decía, pero los niños son las flores más bellas.

Una mañana invernal miró por la ventana, mientras se estaba vistiendo. Ya no detestaba el invierno, pues sabía que no es sino la primavera adormecida y el reposo de las flores.
De pronto se frotó los ojos, atónito y miró y remiró. Verdaderamente era una visión maravillosa. En el más alejado rincón del jardín había un árbol completamente cubierto de hermosos capullos blancos. Sus ramas eran doradas, frutos de plata colgaban de ellas y debajo, de pie, estaba el pequeño al que tanto quiso.
El gigante corrió escaleras abajo con gran alegría y salió al jardín. Corrió precipitadamente por el césped y llegó cerca del niño. Cuando estuvo junto a él, su cara enrojeció de cólera y exclamó:
- ¿Quién se atrevió a herirte?- Pues en las palmas de sus manos se veían las señales de dos clavos, y las mismas señales se veían en los piececitos.
-¿Quién se ha atrevido a herirte?- gritó el gigante. -Dímelo para que pueda coger mi espada y matarle.
-No- replicó el niño, pues estas son las heridas del amor.
-¿Quién eres?- dijo el gigante; y un extraño temor lo invadió, haciéndole caer de rodillas ante el pequeño.
Y el niño sonrió al gigante y le dijo:
-Una vez me dejaste jugar en tu jardín, hoy vendrás conmigo a mi jardín, que es el Paraíso.
Y cuando llegaron los niños aquella tarde, encontraron al gigante tendido, muerto, bajo el árbol, todo cubierto de capullos blancos.

FIN